martes 10 de enero de 2012

La memoria y la fotografía



Estás.
Tu bicicleta se mueve por las calles de Santiago
impulsada por aquello que te quema adentro,
que es una flama, un fuego que hace que
pedalees cada vez con más fuerza;
te detienes al pié del cerro, que se ve alto,
se ve desconocido, es nueva su cara
aunque la hayas visto otras veces
pero esas veces no viste ese cerro
sino otros, que ya no existen
o existen en la memoria
o la memoria no existe
no hace falta que exista
no es necesario que exista
la memoria debería estar formada
de los recuerdos que no queremos romper
como rompemos las fotografías que no queremos volver a mirar;
las fotografías y la memoria
vienen en soportes frágiles
pero son persistentes;
estás al pié del cerro
un cerro que conoces, o eso crees,
pero que es nuevo, o eso crees,
y es distinto, o eso crees,
y das la primera patada
el primer impulso
hacia la purificación
que es volver a diseñar tu vida
volver a ordenar las piezas
y mueves los cambios, el cerro es alto
las laderas son empinadas
fuerzas los músculos de tus piernas
como fuerzas los del corazón
y como fuerzas la cabeza cuando das cada patada;
te separas un tanto del asiento
para acelerar la subida
para conseguir el mayor potencial de las piernas
y en ese afán
recuerdas
todas las veces que subiste
y todas las que seguramente tendrás que subir
a ese cerro
que cada vez será nuevo
irreconocible
o apenas una vaga imagen difusa
de lo que creías conocer
de memoria
pero no.
No hay fotografías que guarden
como era ese cerro
antes de ayer.

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