Iba a decirte esta mañana que tuve sed
durante la noche
y que me levanté despacio
para no molestar.
Iba a decirte que en la madrugada
frente de la heladera
mientras trataba de saciarme
me sentí solo.
En la oscuridad de la cocina
iluminada apenas
por la luz que salía de la puerta
estaba solo.
Ni el agua que bebía
a borbotones
podía calmar la angustia
de la soledad.
Volví a la cama en silencio
porque todos dormían
(o eso creí yo)
y volví a acostarme.
Y también en la cama
me sentí solo
y hacía más frío
que en la cocina.

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