jueves 28 de julio de 2011

Máscaras





A veces uno puede parecer medianamente ingenuo, o muy ingenuo, o soberanamente ingenuo, o un ingenuo redomado. A veces uno puede parecer tonto, o muy tonto, o terriblemente tonto, o un tonto de capirote. A veces la vida tiene giros imprecisos, imperfectos, impredescibles, impíos. A veces la realidad es falsa, es impostora, es diferente, es devastadora. A veces las apariencias engañan, corrompen, equivocan, esconden. A veces es necesario darse cuenta que las historias tiemblan, se sacuden, se mecen, se remecen. A veces las confianzas se destruyen, se aniquilan, se desguazan, se desmoronan. A veces el cariño se tritura, se demuele, se pulveriza, se hace trizas. A veces las verdades se saben, se conocen, se intuyen, se corroboran. A veces los sentimientos cesan, acaban, terminan, concluyen. A veces los dolores fluyen, manan, corren, aprietan.

Y entonces uno intenta hacerse fuerte, macizo, pétreo, inconmovible.

Y entonces uno encuentra sinónimos para decir cuatro veces lo mismo.

Y entonces uno se siente y se encuentra solo, solo, solo, solo.

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