
He decidido fundar Nueva York. Más bien, decidí crear Nueva York aquí en el medio de la pampa argentina. Espacio sobra, de eso no hay dudas, como para fundar quince o veinte Nuevas Yorkes. Lo que me parece que falta son ganas, no mías sino de otra gente, de esos que deberían ser mis socios y que no parecen muy entusiasmados con la idea. Allá ellos, se lo perderán.
El lugar exacto no lo tengo todavía muy definido aunque algunas pistas pueden llevarme a encontrarlo rápidamente. Sin ir más lejos deberá ser un lugar en el que haya dos ríos como el East y el Hudson, eso está al margen de cualquier intercambio que podamos tener, incluso del más ligero punto de vista siquiera porque resultaría disparatado imaginar que Nueva York no tuviera no uno sino dos ríos, y dos ríos potentes, caudalosos, ríos arteriales y empujadores. No podrían ser como el río Primero o Suquía y el río Segundo de Córdoba, sobre todo porque Córdoba ya está hecha y transformarla en Nueva York se me prefigura como una tarea mucho más ardua que empezar algo desde cero; por eso deseché esta idea de inmediato, máxime si tenemos en cuenta que el caudal del río Primero es infinitamente menor a cualquiera de los neoyorquinos. Y si tenemos que tener ríos vamos a tener que tener puentes, pero los puentes los construiremos, sobre todo el puente de Brooklyn que es el más lindo puente que tiene Nueva York. Por lo menos eso es lo que muestran las fotografías y las películas que he visto ya que jamás estuve en Nueva York.
El lote para levantarla también debería tener aunque más no sea un monte o un montecito de eucaliptus o de paraísos porque es necesario ubicar allí al Central Park. Ceibos no, no debe de haber ceibos en Nueva York y sauces llorones tampoco, pero si hubiera alguno en el monte, lo talamos ahí nomás o lo dejamos total quién va a fijarse en cada uno de los árboles que vamos a poner en el Central Park. Lo que seguro que no va a haber por lo menos en un principio es un zoológico en el Central Park de acá, mucha complicación vamos a tener con fundar la ciudad como para ponernos a buscar animales salvajes para el zoológico.
Mi Nueva York, nuestra Nueva York porque ni bien se levante calculo que no habrá argentino que no la haga suya ni se le hinche el pecho al nombrarla o visitarla, tendrá museos diseñados por grandes arquitectos, edificios levantados por grandes constructores, un sector en el que el show business será amo y señor y otro en el que se prodigarán prostitutas y rufianes, un sector bohemio con pequeños cafés de los cuales saldrá música de jazz tocada por bandas de negros que llevarán el swing en el alma. Tendrá lo que tiene la Nueva York de allá pero estará bañada, acariciada por el viento sur pampeano que augurará seguramente lluvias intensas como Nueva York no ha conocido hasta ahora, y no tendrá un clima tan hostil de nevadas furiosas en invierno ni se resbalarán en sus veredas las señoras que saquen a pasear sus perritos o sus hurones porque no se formará hielo en ellas. Al contrario, las señoras saldrán a caminar por Madison o por la calle 72, por Washington Square o la Avenida Amsterdam con una brisa fresca que les golpeará suavemente sus espaldas y les arremolinará las polleras, riéndose como se saben reír las mujeres que están seguras que caminan por veredas de ciudades cosmopolitas, y se dejarán envidiar por las mujeres neoyorquinas enfundadas en gruesos tapados o abrigos de pieles exóticas con las narices escarchadas de tanto frío que busquen infructuosamente un taxi en la esquina de la calle 53 y Broadway. Acá será diferente el estado de ánimo de las personas porque el clima será benévolo como debería serlo en Nueva York. Y si el lote que encuentre, que calculo que puede estar cerca de Saliqueló o de Tapalqué, tal vez, tiene laguna, entonces veremos si conviene que siga siendo laguna o si la secamos y ponemos allí otras cosas, un restaurant o una casa de venta de instrumentos musicales o de electrodomésticos.
Lo que me figuro que será más complicado es encontrar islas que estén cerca de la ciudad como para ir de paseo o de excursión, y para plantarles una estatua encima. Me figuro también que tener otra Estatua de la Libertad será una tarea difícil, mucho más si pretendemos que la done Francia, y eso hace que debamos pensar algunas alternativas viables a esta posible ausencia. Que debe haber estatua está fuera de discusión, lo complicado es decidir estatua de quién o de que. Me resisto, y lo digo desde ya, a que sea del Gauchito Gil o de San Martín, más que nada porque habemos ya una infinidad de ellas diseminadas por todo el territorio nacional y hasta fuera de él y se perdería la gracia. Quizás deba ser una estatua que simbolice el progreso, o la pujanza agrícola, o el reverdecer que trae la primavera, o una imagen de la diosa Palas Atenea o de Alejandro Magno. Y hasta allí , cualquiera sea la estatua que levantemos, llegarán ferris que surcarán el río llenos de curiosos que querrán saber cómo se ve Nueva York desde lejos, cómo es la vista de esa mole colosal que se extiende en la vasta llanura pampeana y se yergue orgullosa frente a otras hermanas menores que, casi con seguridad, le envidiarán el porte; Trenque Lauquen, o Laboulaye, o Firmat, o tal vez Tres Arroyos dependiendo del lugar en que acierte con el lote correcto, dirán que están a unos kilómetros de Nueva York, y que allí viven sus hijos que estarán estudiando en Columbia o cuando menos trabajando en un McDonalds en la 42 y Broadway, vendiendo combos a lo loco a turistas de todo el mundo, y hasta quizás quede tan cerca que podrán irse a almorzar a sus casas en Inriville y volver por la tarde al trabajo después de haber dormido la siesta.
Ante semejante portento y porvenir, sigo sin entender por qué el proyecto ha despertado tan poco entusiasmo en aquellas personas en las que pensé que despertaría una instantánea adhesión. Las gestas, los proyectos, las epopeyas son siempre material controversial y no es sino, muchas veces, hasta pasadas varias generaciones que se comprende y se toma debida consciencia de lo que ha implicado una movida del tamaño de la que estamos pensando. No es llegar y hacer botellas pero tampoco es sentarse a esperar ver crecer los duraznos en el árbol. Es cuestión de empezar, de dar un primer paso y de tener fe en que los resultados llegarán, tarde o temprano. Si no hay líneas de subterráneo construidas hay que ponerse a cavar y hacerlas; si nadie levantó un ladrillo del Carnegie Hall pues hay que empezar por hacer mezcla y poner la piedra fundamental sin acto solemne ni nada de eso; si la iglesia presbiteriana no tiene coro potable es menester que sus integrantes se afanen en tomar clases de canto para afinar aunque más no sea medianamente bien. Ese tipo de cosas hay que hacer y como son tantas y tantas, más que barruntar los pros y contras de la idea lo más sano es darle para adelante y mandarse la patriada, que es mucho mejor pecar por exceso que por defecto. Pero no se me escapa que algún tipo de dudas puede florecer en la credulidad de alguno de los llamados a esta empresa, siempre es así, sin embargo deberían tener en cuenta que una cosa es que te manden a comprar un cuarto kilo de pan al negocio de la vuelta y otra muy distinta es que te pidan que construyas el Empire State, o el edificio de la ONU. Hay que imaginarse ese tipo de situaciones que serán cosa de todos los días y con las cuales vamos a tener que lidiar: por ejemplo, las complicaciones de ubicar el Metropolitan Opera House justo en el lugar en que tiene que ir el Metropolitan Opera House, decidir si tal o cual calle mantiene su sentido o le tenemos que dar uno nuevo para aligerar el tránsito, si Prospect Park tendrá la anchura que tiene o le podemos robar unos metros sin que nadie se de cuenta, o de qué manera podemos comprar artefactos de viejo para hacer el parque de diversiones de Coney Island. Y ni que hablar de decidir si el Bronx debe ser una copia exacta de lo que es o construimos barrios de casas prefabricadas iguales, que sin dudas serán mejores que las pocilgas que debe de haber en el Bronx, digo, por lo que las películas de policía muestran que hay en el Bronx.
Y si me apuran yo no voy a negar que muchas cosas pueden hasta escapárseme de las manos porque no es ser o parecer el intendente de Nueva York sino otra cosa muy distinta que es ser el creador de Nueva York o el fundador de Nueva York; y en ese caso, las prerrogativas de un fundador no son las de un intendente porque el fundador tiene por delante todo el porvenir, todo el futuro, es como pararse o sentarse delante de una montaña de Legos y empezar a construir un lugar mientras que el intendente es alguien que recibe todo hecho, todo armado, todo regulado y reglado y tiene que ceñirse a esas normas y a esas reglas y a lo que le prometió a la población que le entregó un mandato popular o algo así. Yo voy a ser el creador de esta Nueva York vernácula que será como Nueva York pero en tierras argentinas y si alguien me pregunta qué tengo que hacer le voy a decir que todo está por hacer, que tenemos entre manos una tarea inmensa y que es cuestión de darle para adelante. No voy a dejarme asustar porque alguien me diga que me olvidé de ubicar un restorancito en Tribeca o una barbería en algún lugar de Harlem, o que me demanden la construcción del estadio de un equipo de béisbol o de básquet, me reclamen los muertos para enterrar en el cementerio que hay en la zona de Wall Street o cosas por el estilo. Tengo muy en claro que la Nueva York que voy a fundar tendrá esa impronta criolla que la Nueva York no tiene, y que es posible que los panchos de la calle se cambien por choripanes con chimichurri y el maní de la garrapiñada por otra cosa.
Pero la decisión está tomada, no hay vuelta atrás, ya me apalabré al maestro mayor de obra que está haciendo la refacción de la cocina de mi casa para que me dé una mano con los planos, aunque sea en un primer momento, aunque vaya a tener que buscarme un arquitecto como dice él que voy a tener que hacer tarde o temprano. Ya tendré que buscar también un comisario de policía, un director de salubridad y una jefa de personal.
Por ahora buscaré un terrenito, el lote para fundar Nueva York. Y si al final el lote que encuentre no me da para Nueva York, por las razones que sean, entonces veré de fundar Montreal o Liverpool, que son ciudades un poco más accesibles.



